Arritmias cardíacas

El corazón es un órgano muscular con cuatro cavidades diseñadas para trabajar de manera eficiente y continua durante toda la vida. Las paredes musculares de cada cavidad se contraen en una secuencia precisa y durante cada latido expelen la mayor cantidad de sangre con el menor esfuerzo posible.

La contracción de las fibras musculares del corazón está controlada por una descarga eléctrica que recorre el corazón siguiendo distintas trayectorias y a una velocidad determinada. La descarga rítmica que comienza cada latido, se origina en el marcapasos del corazón (nódulo sinoauricular), que se encuentra en la pared de la aurícula derecha. La velocidad de estas descargas depende en parte de los impulsos nerviosos y de la cantidad de ciertas hormonas de la sangre.

La parte del sistema nervioso que regula automáticamente la frecuencia cardíaca es el sistema nervioso autónomo, que comprende los sistemas nerviosos simpático y parasimpático. El sistema nervioso simpático acelera la frecuencia cardíaca; el parasimpático la disminuye. El sistema simpático proporciona al corazón una red de nervios, denominada plexo simpático. El sistema parasimpático llega al corazón a través de un solo nervio: el nervio vago o neumogástrico.

Por otro lado, las hormonas del sistema simpático (la adrenalina y la noradrenalina) también aumentan la frecuencia cardíaca. La hormona tiroidea también ejerce el mismo efecto. Demasiada hormona tiroidea hace que el corazón lata con excesiva rapidez, mientras que, si hay muy poca, lo hace con mucha lentitud.

La frecuencia cardíaca en reposo es de 60 a 100 latidos por minuto. Sin embargo, pueden ser consideradas normales velocidades mucho menores en adultos jóvenes, sobre todo en aquellos en buenas condiciones físicas. Las variaciones en la frecuencia cardíaca son normales. Aparecen no sólo por efecto del ejercicio o de la inactividad, sino también por otros estímulos, como el dolor y las emociones. Sólo cuando el ritmo es inadecuadamente rápido (taquicardia) o lento (bradicardia) o cuando los impulsos eléctricos siguen vías o trayectos anómalos, se considera que el corazón tiene un ritmo anormal (arritmia). Los ritmos anormales pueden ser regulares o irregulares.

Trayectoria de los impulsos eléctricos del corazón


El nódulo sinoauricular (1) inicia un impulso eléctrico que recorre las aurículas derecha e izquierda (2), produciendo su contracción. Cuando el impulso eléctrico alcanza el nódulo auriculoventricular (3), es retardado ligeramente.
El impulso, a continuación, viaja hacia el haz de His (4), que se divide en la rama derecha del fascículo de His para el ventrículo derecho (5) y la rama izquierda del mismo para el ventrículo izquierdo (5).
A continuación, el impulso se extiende por los ventrículos, haciendo que se contraigan.
Trayectoria de los impulsos eléctricos del corazón

Vías de circulación de los estímulos eléctricos

Los impulsos eléctricos del marcapasos se dirigen primero hacia las aurículas derecha e izquierda y, en consecuencia, provocan la contracción del tejido muscular en una determinada secuencia que condiciona que la sangre sea expulsada desde las aurículas hacia los ventrículos. A continuación, el impulso eléctrico llega hasta el nódulo auriculoventricular situado entre las aurículas y los ventrículos. Este nódulo retiene las descargas eléctricas y retarda su transmisión para permitir que las aurículas se contraigan por completo y que los ventrículos se llenen con la mayor cantidad de sangre posible durante la diástole ventricular.

Después de pasar por el nódulo auriculoventricular, el impulso eléctrico llega hasta el haz de His, un grupo de fibras que se dividen en una rama izquierda para el ventrículo izquierdo y una rama derecha para el ventrículo derecho. De este modo, el impulso se distribuye de manera ordenada sobre la superficie de los ventrículos e inicia su contracción (sístole), durante la cual la sangre se expulsa del corazón.

Diversas anomalías de este sistema de conducción del impulso eléctrico pueden provocar arritmias que pueden ser desde inofensivas hasta graves con riesgo de muerte. Cada variedad de arritmia tiene su propia causa, mientras que una causa puede dar lugar a varios tipos de arritmias. Las arritmias leves pueden presentarse por el consumo excesivo de alcohol o de tabaco, por estrés o por el ejercicio. La hiperactividad o el bajo rendimiento del tiroides y algunos fármacos, especialmente los utilizados para el tratamiento de las enfermedades pulmonares y la hipertensión, también pueden alterar la frecuencia y el ritmo cardíacos. La causa más frecuente de las arritmias es una enfermedad cardíaca, en particular la enfermedad de las arterias coronarias, el mal funcionamiento de las válvulas y la insuficiencia cardíaca. En ocasiones, las arritmias sobrevienen sin una enfermedad cardíaca subyacente o cualquier otra causa detectable.

Síntomas

La consciencia del propio latido del corazón (palpitaciones) varía mucho de una persona a otra. Algunas personas pueden distinguir los latidos anormales y otras son capaces de percibir hasta los latidos normales. En algunas ocasiones, cuando se está acostado sobre el lado izquierdo, la mayoría de las personas percibe el latido del corazón. La consciencia de los propios latidos puede resultar molesta, pero habitualmente no es el resultado de una enfermedad subyacente. Lo más frecuente es que se deba a contracciones muy fuertes que se manifiestan periódicamente por diversas razones.

La persona que padece un cierto tipo de arritmia tiene tendencia a sufrir esta misma arritmia repetidamente. Algunos tipos de arritmias provocan pocos síntomas o ninguno, pero pueden causar problemas. Otras no causan nunca problemas importantes pero, en cambio, sí causan síntomas. A menudo, la naturaleza y la gravedad de la enfermedad cardíaca subyacente son más importantes que la arritmia en sí misma.

Cuando las arritmias afectan a la capacidad del corazón para bombear sangre, pueden causar mareos, vértigo y desmayo (síncope). Las arritmias que provocan estos síntomas requieren atención inmediata.

Diagnóstico

La descripción de los síntomas casi siempre permite realizar un diagnóstico preliminar y determinar la gravedad de la arritmia. Las consideraciones más importantes son si los latidos son rápidos o lentos, regulares o irregulares, cortos o prolongados; si aparecen vértigos, mareos o debilitamiento e incluso pérdida de consciencia y si las palpitaciones se asocian a dolor torácico, ahogo y otras sensaciones molestas. El médico también necesita saber si las palpitaciones se presentan cuando el paciente está en reposo o durante una actividad inusual o enérgica y, además, si comienzan y acaban de manera repentina o bien gradual.

En general, se necesitan algunas pruebas complementarias para determinar con exactitud la naturaleza de la enfermedad. El electrocardiograma es la principal prueba diagnóstica para detectar las arritmias y proporciona una representación gráfica de las mismas.

Sin embargo, el electrocardiograma (ECG) sólo muestra la frecuencia cardíaca durante un breve período y las arritmias son, en general, intermitentes. Por lo tanto, un monitor portátil (Holter), que se lleva encima durante 24 horas, puede ofrecer mayor información. Éste puede registrar arritmias que aparecen en forma esporádica mientras el paciente continúa sus actividades diarias habituales y apunta en un diario los síntomas detectados en las 24 horas. En caso de arritmias potencialmente mortales, se requiere hospitalización para llevar a cabo esta monitorización.

Cuando se sospecha la existencia de una arritmia persistente y potencialmente mortal, los estudios electrofisiológicos invasivos pueden ser de gran ayuda. Para ello, se introduce por vía intravenosa hasta el corazón un catéter que contiene unos alambres. Utilizando de forma combinada la estimulación eléctrica y una monitorización sofisticada se puede determinar el tipo de arritmia y la respuesta más probable al tratamiento. Las arritmias más graves pueden detectarse mediante esta técnica.

Pronóstico y tratamiento

El pronóstico depende en parte de si la arritmia comienza en el marcapasos normal del corazón, en las aurículas o en los ventrículos. En general, las que comienzan en los ventrículos son más graves, aunque muchas de ellas no son peligrosas.

Por lo general, las arritmias no provocan síntomas ni interfieren en la función de bombeo del corazón, por lo que los riesgos son mínimos. No obstante, las arritmias son fuente de ansiedad cuando la persona se da cuenta de ellas, por lo que comprender su carácter inofensivo puede servir de alivio. A veces, cuando se cambia la medicación o se ajusta la dosis, o bien cuando se interrumpe el consumo de alcohol o la práctica de ejercicios enérgicos, las arritmias aparecen más espaciadas o incluso cesan.

Dos sistemas diferentes de marcapasos
Obsérvese la implantación en el tejido subcutáneo, y los alambres (electrodos) dirigidos al corazón.
Dos sistemas diferentes de marcapasos Dos sistemas diferentes de marcapasos

La administración de fármacos contra las arritmias es muy útil en caso de síntomas intolerables o cuando representan un riesgo. No existe un único fármaco que cure todas las arritmias en todas las personas. A veces es preciso probar varios tratamientos hasta encontrar uno que sea satisfactorio. Además, los fármacos antiarrítmicos pueden producir efectos colaterales y empeorar o incluso causar arritmias.

Los marcapasos artificiales, dispositivos electrónicos que actúan en lugar del marcapasos natural, se programan para imitar la secuencia normal del corazón. Por lo general, se implantan quirúrgicamente bajo la piel del pecho y poseen cables que llegan hasta el corazón. Debido al circuito de baja energía y al nuevo diseño de baterías, estas unidades tienen una duración de entre 8 y 10 años. Estos nuevos circuitos han eliminado casi por completo el riesgo de interferencias con los distribuidores de los automóviles, radares, microondas y detectores de seguridad de los aeropuertos. Sin embargo, otros equipos pueden interferir el marcapasos, como los aparatos utilizados para la resonancia magnética nuclear (RM) y la diatermia (fisioterapia empleada para dar calor a los músculos).

El uso más frecuente que se le da al marcapasos es para el tratamiento de una frecuencia cardíaca demasiado lenta (bradicardia). Cuando el corazón disminuye su frecuencia por debajo de un determinado valor, el marcapasos comienza a emitir impulsos eléctricos. En casos excepcionales, un marcapasos se utiliza para enviar una serie de impulsos que detengan un ritmo anormalmente rápido del corazón (taquicardia) y disminuir así su velocidad. Estos marcapasos sólo se utilizan en el caso de ritmos rápidos que se inician en las aurículas.

A veces, la aplicación de una descarga eléctrica al corazón puede detener un ritmo anormal y restaurar el normal. Este método se denomina cardioversión, electroversión o desfibrilación. La cardioversión puede emplearse para tratar las arritmias que comienzan en las aurículas o en los ventrículos. Generalmente, se utiliza un gran aparato (desfibrilador), manipulado por un equipo especializado de médicos y de enfermeras, para generar una descarga eléctrica, con el fin de detener una arritmia que pueda causar la muerte. Sin embargo, se puede implantar quirúrgicamente un desfibrilador del tamaño de una baraja de naipes. Estos pequeños dispositivos, que detectan de forma automática las arritmias que pueden ser mortales y emiten una descarga, son implantados en personas que, de otro modo, podrían morir al detenerse su corazón repentinamente. Como estos desfribiladores no previenen las arritmias, estas personas habitualmente también toman fármacos antiarrítmicos al mismo tiempo.

Ciertos tipos de arritmias se corrigen mediante intervenciones quirúrgicas y otros procedimientos invasivos. Por ejemplo, las arritmias causadas por una enfermedad coronaria se controlan a través de una angioplastia o una operación de derivación de las arterias coronarias (bypass). Cuando una arritmia es provocada por un foco irritable en el sistema eléctrico del corazón, este foco puede ser destruido o extirpado. Lo más frecuente es que el foco se destruya mediante una ablación por catéter (emisión de energía de radiofrecuencia a través de un catéter introducido en el corazón). Después de un infarto de miocardio, pueden aparecer episodios de taquicardia ventricular que pueden ser mortales. Esta arritmia puede tener su origen en un área lesionada del músculo cardíaco que puede ser identificada y extraída mediante una intervención quirúrgica a corazón abierto.

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